ENGARZANDO CAMPOS
(12-II-2012)
Últimamente detecto
entre un gran número de mis compatriotas una sensación de
impotencia ante las injusticias cotidianas que nos rodean, desde las
más generales hasta las que tienen nombres y apellidos y sentencias
judiciales difíciles de entender.
En realidad todo esto que nos rodea tiene que tener una explicación. Yo me he puesto a buscarla, preguntándome por ejemplo cuál es el motivo de que no estén en la cárcel todos los chorizos de este país, y lo único que se me ocurre es que quizás lo que ocurre es simplemente que no cabrían. Y como ahora además no hay fondos públicos para hacer más prisiones, al final se ha optado por absolver a los sinvergüenzas y condenar a las personas de bien, que serán quienes acaben en prisión mientras los otros quedan fuera. Así que, quizás lo más recomendable es que si no has liado alguna todavía lo hagas cuanto antes, no vaya a ser que te entrullen.
CISCANDO
(16-II-2012)
Una de las 2 o 3 cosas
más importantes que mi padre me enseñó, ésta de forma
involuntaria creo, fue la duda. Lo hizo mediante un exabrupto que
profería ante alguna pequeña adversidad cuando estaba realizando
alguna tarea de bricolaje casero (siempre ha sido un manitas): “¡Me
cago en Dios, si le hay!” Lo que ha resultado crucial para mi vida
no ha sido la deposición en la deidad, sino el condicional que va
después. Curiosamente, esa corta coletilla final puede haber
decantado mis intereses académicos hacia las ciencias y haber
determinado además mi forma de entender la vida. Un padre nunca sabe
cómo puede influir a un hijo... Casi mejor.
Alguien, quizás prejuiciado por la condición de albañil de mi padre, podría haberle tenido simplemente por un malhablado, pues la de albañil es una profesión con fama de vocabulario escaso y poco cuidado, dada a la blasfemia fácil y al piropo grosero desde el andamio. Sin embargo, la ahora denostada profesión de la construcción conoció tiempos mejores (y no me refiero ahora al boom inmobiliario), ya que al parecer el movimiento masónico se originó entre las cuadrillas de albañiles dedicados a la construcción de las catedrales. A esta herencia recibida por mi padre de su gremio profesional achaco yo la profundidad de su frase, merecedora de un análisis más cuidadoso.
En realidad, el
enunciado implica una honda reflexión filosófica, lo cual es
extraño no por provenir de un albañil, como ya he explicado, sino
por la tensión emocional del momento en el que se produce: cuando el
clavo sobre el que has descargado un martillazo con todas tus fuerzas
no horada la madera sino que se dobla por la mitad y da al traste con
todos tus esfuerzos el espíritu no se suele encontrar en una
disposición muy favorable para la reflexión. A menudo el bricolaje
es una actividad ingrata... Es ahí, en ese preciso instante cuando
el hombre profiere el ¡Me cago en Dios, si le hay! En un primer
momento descarga su furia en forma de heces fecales sobre el ser
divino, acto plenamente justificado, pues desde pequeño le han
enseñado que Dios es todopoderoso, no quedando por lo tanto duda
alguna sobre quien es el culpable de la flexión del clavo. Sin
embargo, acto seguido, en décimas de segundo (y esto es lo
sobrecogedor) pone en duda la existencia de un ser supremo. Esta duda
deja suspendida la deposición en el aire, porque si Dios no existe
¿quién debe recibir los excrementos?
Podría abundar más en esa imagen de unos excrementos suspendidos en el vacío, ajenos a la gravedad, incapaces de caer por no tener dónde, pero voy a dejar atrás la metáfora, no para volver a la digresión biográfica sino para volver a lo mío, que es la búsqueda del motivo de toda la injusticia que nos rodea. En el curso de esta indagación podría mirar hacia la divinidad, si la hay, y cagarme por lo tanto en Dios, como mi progenitor. Albergo, sin embargo, dudas razonables sobre la existencia de semejante ente (confieso que me cuesta creer incluso que existe Scarlett Johansson, no digamos Dios), por lo cual opto por ciscarme en toda esa caterva de sinvergüenzas que se ríen a la cara de nosotros y de la justicia, que visten bien y les sale barato a ellos y caro a nosotros y que exhiben una media sonrisa de suficiencia, sabedores de que habrá quien les defienda.
Y ahí lo dejo, porque si continuo el análisis no me va a quedar más remedio que cagarme en mí y en mis conciudadanos, que lo consentimos, cuando no lo promovemos.
CARTA A LOS REYES
MAGOS
(20-II-2012)
Queridos Reyes Magos,
Melchor y Gaspar,
Ahora que sólo sois dos, pues al rey moreno lo han inhabilitado durante 11 años, os las veréis y os la desearéis para abastecer de regalos a todos los niños del mundo que, en nuestra inocencia, continuaremos creyendo en vosotros.
Esta inocencia no nos hará sin embargo creer en la de los Franciscos en general, ni en la de Francisco Franco ni Francisco Camps en particular. Me pregunto si el de Francisco era un nombre contra el cual vuestro ex-compañero tenía algo personal, pero pensándolo bien también hubo algo contra un tal Felipe, así que tal vez sólo sea que empezó por la F... Me imagino cierto día al buen Baltasar, un día que resultaría decisivo (para bien) en su vida y en la nuestra, vendándose los ojos como la patrona de su otro oficio (el de juez) y abriendo el diccionario al azar por una letra, para encontrarse, tras desprenderse de la venda, con la letra F. Y por ahí empezó a perseguir, inaccesible al desaliento, la injusticia. Es lo mismo que hicieron los citados Franciscos, sólo que ellos para ejercerla y aprovecharse y él para descubrirla y castigarla. Los tres, en fin, amantes de la justicia, pero ellos de los que pasada la voluptuosidad del deseo satisfecho tras el acto no se quedan a dormir a su lado y él de los que incluso tras un desaire o una mala cara de la amada saben que lo suyo es para siempre.
Pero volvamos a la
historia. Siguiendo un estricto orden alfabético, también le dió
lo suyo a la G, porque de los GAL nos acordamos. Casi todos, ¿verdad?
Puesto a hacer memoria (¡cuánta falta hace en este país la memoria!, si me apuras, más aún la cercana que la histórica) se me empieza a estropear la teoría alfabética, porque la E, que no va después de la G, sino antes de la F, también probó la medicina de Baltasar. Me refiero, claro, a la E de la ETA. ¿Desconocía Baltasar el alfabeto? Lo considero imposible tratándose de un letrado, de forma que la explicación más plausible me parece una decisión de simetría. Sin duda no le pareció justo al bueno de Baltasar empezar por la F y seguir todo para delante, dejando tranquilas a las letras anteriores, así que fue alternando hacia delante y hacia atrás: la F, la G, la E, ... No me consta, pero probablemente hubo amargas críticas de los miembros y simpatizantes de la organización terrorista, ya que si había empezado por la F y seguido por la G no veían justificación alguna para que se metiese ahora con la E en vez de seguir el sacrosanto orden alfabético. Por este motivo, además de colocarle, como era su costumbre, en su punto de mira (literalmente), reclamaron airadamente que cesase en sus pesquisas y se le inhabilitase por mostrar una inquina personal hacia la citada organización criminal, desatendiendo su imparcialidad como juez y utilizando su cargo público de modo inaceptable. Vamos, un prevaricador de tomo y lomo. Puedo imaginar la viñeta de Forges: el togado acusando "¡Asesino!" y el encapuchado respondiendo "¡Y tú antialfabético!".
Empiezo a sentirme aún más confuso cuando recuerdo (es que tengo un vicio...) que también se metió con Pinochet, y ese empieza con P. Y también con la financiación irregular del PP (que empieza por P dos veces) a raíz del caso Naseiro (que empieza por N). Claro que, en realidad el orden cronológico que he seguido en este relato es falso de arriba a abajo, porque Franco y Camps han sido de los últimos y ETA vino antes que Pinochet. En fin, un despropósito. ¡A este juez no hay quien le entienda! Aunque..., pensándolo bien... ¡fíjense, fíjense!, todos los que he nombrado eran muy conocidos, personajes públicos, con dinero. ¿Es eso normal? ¿Qué se puede pensar de un juez que se mete con tantos notables y poderosos? Pues se puede pensar que trata de hacer bien su trabajo, que no mira la situación económica o social de los delincuentes, que ataca a quienes tienen más poder porque puestos a hacer daño son los que más daño hacen y a los primeros que hay que parar, que cuando un facineroso poderoso cae caen con él doscientos facinerosos más de menor rango, que no sirve de mucho amputar los tentáculos de la medusa porque se regeneran y es preferible amputar su cabeza o colocarla ante el espejo público para dejarla petrificada. O se puede alegar que va de juez estrella y todos tan contentos. Ese es el mensaje que algunos han insistido en darnos y a base de insistir el mensaje ha calado. Envalentonados por el éxito alcanzado se han atrevido además a mandarnos un recado, un aviso a navegantes: ¿Qué puede esperar un juez que se mete con tantos notables y poderosos?
Por eso, queridos Reyes Magos, Gaspar y Melchor, os pido, os suplico, que no atendáis esa advertencia, porque somos muchos los niños que seguimos esperando cada año los regalos. Porque somos muchos los no tan niños que necesitamos de vuestro trabajo responsable e independiente como jueces, de vuestra defensa de la justicia, de vuestro compromiso para toda la vida con esa amante a veces ingrata. Por eso y por vuestro excompañero, y por vuestras vidas dedicadas a un empeño encomiable, os damos las gracias y os pedimos: no nos falléis; no ahora. Será duro, será más duro. Ahora sólo quedáis dos. Y hay el mismo trabajo o más. Quizás pronto algunos aprendices de mago tomen el relevo y vuelva a haber no uno sino decenas o cientos de Baltasares, pero mientras tanto, es irreemplazable lo que tú Gaspar puedes hacer, lo que tú Melchor puedes hacer, por nosotros. Lo sabemos porque hemos visto lo que una única persona cabal puede hacer cuando tiene la capacidad y la determinación de hacerlo. Por favor.
Fdo: Un niño de este país, ya mayor (el niño).
RAJOY EN GRECIA
(25-II-2012)
Cuentan (no he podido
contrastar la información) que antes de la campaña electoral
Mariano hizo un discreto viaje a Grecia. Algunos pensaron que iba a
reunirse con el presidente del país, o con el ministro de economía
o con el jefe de la oposición. Pero no fue así. He podido demostrar
que algunos testigos que certificaban esa hipótesis fueron
vulgarmente engañados mediante la utilización de un doble del
mandatario español hábilmente caracterizado. Hubo entonces quien
pensó que habría ido para estudiar el clima en las calles de
Atenas, para tomarle el pulso a la realidad social de un país
ahogado por la deuda y los recortes. Sin embargo, no hay constancia
de que ningún señor Rajoy, español, con barba, gafas y una
particular articulación de las consonantes fricativas se alojase en
ningún hotel, hostal ni pensión de la capital helena. Ni siquiera
hay movimientos de su tarjeta de crédito que atestigüen algún tipo
de gasto, como una cena en un restaurante, un repostaje en una
gasolinera, la adquisición de alguna prenda de vestir, etc. Por si
alguien sospecha que la razón de esta ausencia documental reside en
que acudió a Atenas acompañado por el amiguito del alma, el que
nunca paga con tarjeta ni pide factura, he de decir que está
perfectamente probado que en esas fechas Paco estaba dedicado a su
tesis doctoral y no se movió de Valencia. Es más, nunca ha visitado
Grecia ni aprecia dicho país, salvo por lo que respecta a la colonia
ultramarina de la Magna Grecia, cuya organización en los tiempos
modernos admira y es para él fuente inagotable de inspiración.
A estas alturas habrá ya quien haya llegado a la conclusión de que el bueno de Rajoy fue a Atenas de riguroso incógnito y que la organización del partido se ocupó de todo para preservar el anonimato de su líder en las tierras de Zeus y Afrodita (desde afeitarle la barba hasta facilitarle documentación falsa). Sin embargo hay un dato que hace esto de todo punto imposible: nadie en Facebook, Twiter, Tuenti, ni ninguna otra red social ha dado noticia de la presencia del entonces líder de la oposición española en la ciudad de la Acrópolis ni aparece en ninguno de los millones de fotografías y vídeos que turistas de todo el mundo tomaron en esas fechas en la capital griega. Y por si esto fuera poco, tecleen “Rajoy Atenas” en San Google y verán que no aparece nada, y eso es palabra de Dios. ¿Podría entonces acaso Mariano haber visitado la patria de Ulises y haberse sustraído a la tentación de seguir los pasos de Pericles, de visitar el areópago, admirar las cariátides o empequeñecer ante el partenón? Sus más allegados le creen capaz de eso y mucho más. Incluso de prescindir de un homenaje en Plaka a base de musaka y dolmathakia generosamente regadas con retsina y rematadas con un buen ouzo. Este hombre no tiene límites...
¿Qué tierras griegas hollaron entonces los pies de nuestro héroe? ¿Fue a disfrutar de la paz de las Cícladas, a perderse en alguna pequeña isla en medio del Egeo para afrontar la carrera electoral pleno de energías? ¿Se dirigió quizás a la isla del Minotauro, encarnación primigenia de la energía del toro, símbolo por excelencia de nuestra patria (más allá de la sangría; en el buen sentido de la palabra, que diría Millás)? Investigué estas posibilidades a fondo, solo para encontrar un vacío tan absoluto como en el caso de Atenas.
Cuando empezaba a considerar posibilidades delirantes, como la existencia de un triple del líder, o que se hubiese hecho pasar por Marujita Díaz (el parecido se me antojaba más que notable, eliminando las gafas y la barba; e incluso solo eliminando las gafas) di por fin con una pista que me llevó a resolver el caso. No voy a entrar en detalles, porque no solamente son demasiado escabrosos sino que además después de contárselos tendría que matarles para no dejar testigos, lo cual sería una lástima y sobre todo un gran trabajo, dada la difusión potencial de este escrito. El caso es que el señor Rajoy Brey ¡por cierto! indagando, indagando, tropecé con un dato marginal sin ninguna relevancia para el caso pero que aprovecho para contarles. Sin duda en más de una ocasión les ha llamado la atención el segundo apellido de este señor, "Brey". ¿Alguien en este país conoce a algún otro "Brey"? ¿De dónde ha salido ese apellido? ¿Desciende nuestro presidente de algún inmigrante sin papeles subsahariano que arribó a las costas patrias tiempo ha? Claro que no. A quién se le ocurre. Al parecer, el segundo apellido era originalmente Rey (apellido gallego donde los haya, por otro lado) pero un antepasado del señor Rajoy con ciertos problemas de articulación consonántica (otro más) acudió al Registro a inscribir a un nuevo miembro de la familia y el resultado de su deficiente pronunciación fue la anotación errónea de "Brey" por "Rey". Otras fuentes desmienten esta versión y la descalifican como malintencionada y fruto de las envidias que se dan en las aldeas, afirmando que el motivo real de la inexacta pronunciación fueron el ribeiro y el orujo que se consumieron en el ágape ofrecido para celebrar el feliz acontecimiento. Los más cercanos a la familia lo niegan igualmente y arguyen una singular modestia para justificar el citado cambio: "¡Rajoy Presidente!" está bien, pero "¡Rajoy Rey!" tiene unas connotaciones demasiado ambiciosas para alguien destinado a tener un papel en la vida parlamentaria; y no digamos "Rajoy Rey Presidente", que dejaría perplejas incluso a las masas más entregadas de la calle Génova. Finalmente, contacté con un senegalés que me insinuó... En fin, dejemos estos derroteros que podemos acabar enfangados.
Como decía, el caso es que el señor Rajoy Brey no se dirigió ni al Ática, ni a las islas. ¿Dónde fue entonces? Pues resulta que se internó en la Fócida y dirigió sus pasos hacia las laderas del monte Parnaso, al mismísimo santuario de Delfos. Algunos malinterpretarán esta decisión y considerarán que habría sido más apropiado que se dirigiese al santuario del apóstol Santiago o al de San Andrés de Teixido, ambos en tierras gallegas y más acordes a nuestra tradición religiosa, caótica, aplastólica y románica. Ese juicio sería sin embargo fruto de la ignorancia de estas personas, desconocedoras quizás del hecho de que en ese lugar de Grecia se encontraba en la Antigüedad el ombligo del mundo (que se ha desplazado recientemente unos miles de kilómetros hacia el Este, huyendo de la deuda griega y en busca de mejor acomodo, encontrándose ya a día de hoy cerca de su objetivo, en las inmediaciones de Beijing). Y, lo que es aún más importante, en el santuario de Delfos se halla un infalible oráculo que ofrece sus sabios consejos a quien se acerca con buena disposición a exponerle sus cuitas.
En un primer momento se me mostró de forma evidente la razón de la visita de nuestro personaje: sin duda deseaba preguntar al oráculo por el resultado de las elecciones que próximamente tendrían lugar en nuestro país. Sin embargo, comoquiera que tal resultado parecía bastante claro y favorable a los intereses de Rajoyopoulos, no acababa yo de entender la necesidad del viaje y mucho menos la prolongada estancia al pie del Parnaso. Menos aún cuando testigos oculares me informaron de que los días fueron pasando y el señor de las barbas canosas no se aproximaba a realizar ninguna consulta ni requería los servicios de la pitonisa encargada de interpretar el oráculo, sino que se mantenía a una cierta distancia y allí se pasaba las horas, por la mañana y por la tarde, una jornada tras otra; hasta que un buen día él y su séquito desaparecieron. ¿La proverbial indecisión de Mariano le había llevado a ser incapaz de elegir qué quería preguntar? ¿Quedó paralizado ante el aluvión de preguntas que acudieron a su mente sobre su futuro político, el resultado electoral, el próximo desplante de Esperanza, el siguiente caso judicial, las medidas más adecuadas para paliar el déficit o el secreto para elaborar una buena queimada?
¡Nada tenía sentido! ¡Este hombre es capaz de desconcertar a cualquiera y de mantener en vilo a medio mundo sin hacer nada! Mi desesperación alcanzó a ser tan profunda que llegué (he de confesarlo aquí) a algo tan rastrero como acudir al tópico regional y preguntarme si el líder popular (en el mal sentido de la palabra, que volvería a decir Millás) realmente había ido a Delfos o si en realidad volvía de allí. Un viaje absurdo, en fin, cuya investigación había consumido muchas horas de mi tiempo y de mis exíguos recursos económicos, para nada.
Pero un día se hizo la luz: ¡no fue a preguntar! ¡Mariano no fue a preguntar al oráculo! Como yo había anticipado, no tenía nada que preguntar, el resultado electoral estaba claro y las medidas contra la crisis se las iban a dictar desde Bruselas (léase Berlín) ¡Mariano no fue a preguntar, fue a aprender! A aprender del oráculo, a aprender sus enunciados crípticos que necesitan la interpretación de una profesional que consagre su vida única y exclusivamente a eso. Observó, aprendió, volvió a la patria y comenzó su campaña electoral con la lección bien sabida. El resultado es conocido.
Lo que muchos (unos diez millones) entendieron durante la campaña electoral fue esto:
- Mantendré los impuestos. No los subiré.
- Fomentaré la contratación. No abarataré el despido.
- Impulsaré la sanidad pública. No la privatizaré.
- Mantendré la educación pública. No la privatizaré.
- Daré dinero a las familias. No daré dinero a los bancos.
Lo que deberían haber interpretado habría sido esto:
- Mantendré los impuestos no. Los subiré.
- Fomentaré la contratación no. Abarataré el despido.
- Impulsaré la sanidad pública no. La privatizaré.
- Mantendré la educación pública no. La privatizaré.
- Daré dinero a las familias no. Daré dinero a los bancos.
La pausa después del "no", que algunos pensaron que era enfática, era en realidad un punto y seguido (o un punto y aparte, según como se mire).
Por otra parte hay que reconocerle a Mariano que trató de darnos pistas. ¡Mira que insistió!: "Lo que hace falta es sentido común". ¡Pues claro!, con un poco de sentido común todo el mundo habría dicho: ¡Es el PP, la derechona de siempre! y habría interpretado correctamente sus frases. El pobre Rajoy pensaría "¡Qué empeño en preguntarme lo que voy a hacer! ¿Pero es que no lo saben? ¿Qué creen, que voy a quitar las subvenciones a los centros concertados? ¿Subir el salario mínimo? ¿Aumentar la cobertura por desempleo y la baja por maternidad? ¿No me lo preguntarán por cachondeo, estos cabronazos?"
Sí, todos lo sabíamos. Excepto 10 millones de españoles*, que no se enteraron del punto y seguido y/o carecían de sentido común y/o de memoria. De ahí, la fijación del PP para cargarse la educación pública (cuanta menos gente conozca el uso del punto mejor) y la obsesión contra la memoria histórica (cuanta menos gente tenga memoria mejor). En cuanto al sentido común, saben que no hay peligro: el sentido común es el menos común de todos los sentidos.
*Nota: el pico que pasó de los 10 millones eran los grandes empresarios y la banca, y esos sí entendieron lo que Rajoy prometía en campaña.
RAE (26-II-2012)
Los dos únicos tomos
que tengo en la estantería del salón son los del diccionario de la
Real Academia Española de la Lengua. Cuando mis amigos me visitan quedan horrorizados ante
tan escuálida biblioteca y me cuesta explicarles que el invierno
pasado fui quemando en la chimenea todo el resto de libros que tenía,
pues un día observé que todas las obras de la literatura y el
ensayo están contenidas en estos dos tomos. Lo único que hay que
hacer es combinar adecuadamente sus palabras, así que me deshice del resto de los ejemplares de mi colección, por redundantes.
Ayer recibí a través del correo ordinario un paquete de un remitente anónimo, quien, con gran acierto, me regaló los tres tomos de la Nueva Gramática con el doble objetivo de que (transcribo literalmente) "me ayudaran a obtener por derivación y/o conjugación los términos que no aparecen en el diccionario, así como a desordenar sus palabras de forma adecuada para reconstruir las grandes y pequeñas obras del pensamiento universal". Gracias.
Espero hacer progresos, aunque de momento, paso las horas sentado, mirando con asombro la estantería que sostiene semejante peso sin inmutarse y, mientras desayuno, como o ceno en la mesita auxiliar, espero a que la tensión que generan los cinco tomos se materialice en algo en cualquier instante. Tengo la certeza de que el acontecimiento es inminente, así que continúo durmiendo en el sofá.
NIPONES
(4-III-2012)
Documentándome para
escribir un artículo sobre el viaje del presidente Rajoy a Grecia,
hube de visionar una ingente cantidad de grabaciones digitales
realizadas en el país heleno por turistas de variadas
nacionalidades. Mi objetivo era encontrar imágenes que refutaran
algunas tesis que respecto a la visita del mandatario circulaban por
los modernos mentideros denominados chats, facebooks, esemeses,
tuentis, twiters, etcs. Al margen de los resultados obtenidos, que no
son el objeto de este texto y ya quedaron reflejados en el citado
artículo, llegué (más vale tarde que nunca) a la conclusión de
que los hijos del Sol Naciente se meten unos viajecitos de aúpa. Al
exponer esta conclusión en la sobremesa de la paella familiar del
domingo, el marido de mi hermana (que no mi cuñado), persona muy
observadora pero poco dotada de sensibilidad hacia las diferencias
culturales y étnicas de este nuestro planeta, exclamó: “¡Total
para qué! ¡Un desperdicio! ¡Si con esos ojos casi cerrados no
tienen que enterarse de la mitad!” Por supuesto el colofón de esta
afirmación fueron unas sonoras carcajadas que profirió copa de
coñac en mano, mientras yo cruzaba una mirada con mi hermana y
apuraba el licor de mi propio vaso. El Farias se lo ha prohibido el
médico. Una lástima.
A pesar de la inicial
repulsión que sentí ante semejante comentario, aquella tarde, ya en
el sofá de casa, digiriendo aún el arroz y metabolizando los
licores, no pude evitar tomar la hipótesis en cuenta... Quizás,
medité con los ojos entrecerrados y la vista ligeramente nublada,
por eso los turistas japoneses son famosos por sus cámaras: ellos
van a los sitios en sus tres días anuales de vacaciones y entre las
prisas de que acaban de empezar y ya se les termina el tiempo, y esa
visión en megacinemascope que tienen, no se percatan de casi nada.
De modo que todo es hacer fotos y fotos y videos y videos para verlos
después los 362 días restantes del año, once veces al día, en
sesiones maratonianas con la esperanza de enterarse, ayudados por
conocidos, amigos y familiares, de qué había allí cuando se
bajaron del autobús rojo. Y encima todos los arquitectos empeñados
en potenciar las líneas verticales: la torre Eiffel, el Big Ben, el
Empire Estate, la Sagrada Familia, ... Ellos le tienen mucha ley a
Calatrava, que es más
moderado con sus alturas. Pero su top sigth sigue siendo la salida
del sol sobre el mar. No por el Sol Naciente, no, ¡qué va!, sino
por ese horizonte que ven enterito.
Ante la verosimilitud de esta hipótesis, he pasado la semana investigando y he descubierto que en fechas relativamente recientes hubo en Japón agencias de viajes que estudiaron la posibilidad de ofrecer itinerarios consistentes en la persecución del amanecer. El viaje comenzaría al alba y consistiría en un veloz y continuo desplazamiento hacia el Oeste en un singular y aparentemente paradójico periplo: huir del Sol para verlo mejor. Enseguida se apreciaron sin embargo los inconvenientes de esta idea. Dejando de lado las implicaciones metafísicas y las inevitables comparaciones y metáforas respecto a la existencia humana, las cuales no conducirían sino a la depresión y por consiguiente a un fracaso de semejante iniciativa turística, aparecieron los cálculos matemáticos que indicaban la inviabilidad de semejante proyecto. Dado que el perímetro ecuatorial de la Tierra mide 40.000 km y que nuestro planeta da una vuelta sobre su propio eje cada día, resulta que esta huida del Sol debería producirse, grosso modo, a una velocidad de 40.000 km cada 24 horas, es decir, a 1667 km/h, que no es moco de pavo. Si bien existen hoy en día aeronaves capaces de desplazarse a semejante velocidad, tanto de líneas regulares como de líneas estilizadas (denominadas por algunas personas dadas al barbarismo "low cost"), la posibilidad de mantener esa velocidad media durante los tres días de vacaciones de un japonés resulta imposible, pues hay que tener en cuenta los necesarios repostajes de combustible y las revisiones técnicas obligadas cada 14,5 horas de vuelo, amén de los cambios de tripulación, las huelgas de pilotos y/o controladores y su sustitución por personal militar si fuera menester. Vamos, imposible.
Siempre ha habido
personas pusilánimes que se arredran ante la menor dificultad, pero
también ha existido siempre un número no despreciable de humanos
que perseveran e incluso son capaces de crecerse ante la adversidad,
armados en ocasiones con instrumentos tan elementales como la
geografía, la física o las matemáticas. No pocos de ellos son
japoneses, de modo y manera que surgieron rápidamente alternativas
para hacer viables este tipo de viajes. Primero algunos pensaron que
en la latitud a la cual se encuentra el archipiélago nipón el
perímetro terrestre es considerablemente menor que en el Ecuador y
por lo tanto es menor la distancia a recorrer en un día,
reduciéndose la velocidad hasta cifras quizás técnicamente
asequibles. Para esto, también, los subsaharianos se encontraban en
peor situación.
La Iglesia Católica,
vía Congregación para la Doctrina de la Fé (léase Santo Oficio, o
para los incondicionales de la brevedad gongorina o los poco dados al
eufemismo, Inquisición) instó a los fieles católicos a que
prescindieran de la realización de semejantes excursiones,
argumentando que no es voluntad de Dios que el hombre (y menos aun la
mujer) viaje a la velocidad del desplazamiento del Sol en el
firmamento y que, por si fuera poco, con estas prácticas se llegaría
a situaciones extraordinariamente peligrosas para la moral, como
sustraer días al calendario, dado que el viajero habría visto
amanecer una sola vez en un plazo de 72 horas y eso dejaría en un
limbo metafísico la fecha del siguiente cumpleaños del interfecto.
Semejante situación tendría unos efectos funestos sobre la paz
espiritual de cualquier persona, pero habría que pensar además en
sus efectos sobre el santoral, presente o futuro. Me rompió el
corazón comprobar que la Iglesia Católica seguía sin interiorizar
las ideas de Galileo y Copérnico hasta el punto de continuar
hablando del desplazamiento del Sol por el firmamento, cuando es la
Tierra la que gira. Lo del condón va para largo.
Mientras tanto en Japón,
relativamente ajenos al Santo Oficio, algunos se enfangaban en
cálculos cada vez más precisos, relativos a la distancia exacta a
recorrer partiendo desde las distintas latitudes del país, al ahorro
de tiempo aprovechando las corrientes atmosféricas
circumplanetarias, a las estrategias para el ahorro de combustible
(como aquella empleada en la Segunda Guerra Mundial por los famosos
pilotos de Hirohito), y a otros planes que nunca llegaron a ver la
luz pública. Simultáneamente, a pesar de los esfuerzos de los
empresarios del sector por evitar que se entrase en metáforas y
filosofías, sesudos pensadores escribían sin cesar ensayos
centrados en la repercusión de un viaje en el que no hay ida y
vuelta, sino que es siempre hacia delante, como la vida. Hubo aun
buscalíos que no se conformaron con esto, sino que exploraron el
hecho de que en realidad al final del viaje se vuelve al mismo sitio
de donde salimos, lo cual es una idea reconfortante si la
extrapolamos a la trayectoria vital, pues sin duda el vientre que nos
acogió nos recibirá de nuevo con calidez. La tripulación les desea
buen viaje, vistas despejadas y un buen compañero de asiento. Se
servirá algún refrigerio durante el vuelo, aunque no es seguro que
llegue para todos y será bastante mejor para los viajeros con
billete de clase bussiness. Preguntado al respecto, el papa de Roma
dijo que no.
Resulta maravilloso
constatar que solo fue necesario que transcurriese un poco más de
tiempo para que unos pocos visionarios zanjaran la cuestión técnica
con la precisión y limpieza con la que un samurai hubiera seccionado
un cuello enemigo en una película de Kurosawa, o, en versión más
moderna, con la que Uma Thurman hubiera consumado su venganza
empuñando un arma forjada por el maestro Hattori Hanzo. La solución
resultaba obvia para un cerebro despierto y bien preparado: había
que aumentar la latitud todo lo posible, había que alejarse del
ecuador y acercarse al
polo terrestre todo lo
necesario para que cesase la sucesión de los días y las noches. ¡La
versión japonesa del Edén! Los viajes debían simplemente
realizarse dentro de los confines marcados por el Círculo Polar y no
sería entones necesario ningún desplazamiento posterior en veloces
pájaros de acero que huyesen hacia el Oeste. Durante nuestro verano
los turistas partirían hacia el Polo Norte y durante nuestro
invierno bastaría encaminarse al Polo Sur.
Esta gran solución
técnica ha tenido un inesperado efecto. Siguiendo los dictados del
Vaticano expuestos de forma detallada en un párrafo situado más
arriba, varias asociaciones católicas han declarado endemoniadas a
las etnias de las altas latitudes, como los sami o los inuit. Por
contra, una ola de ateísmo asola la tundra, dejando pequeño al
viento polar.
Simultáneamente,
algunas empresas de cosméticos están cerrando sus factorías para
reconvertirlas en agencias de viajes que prometen retrasar el
envejecimiento a base de prolongadas estancias cerca de los polos,
sumando a los efectos conservantes del frío los beneficios
cronológicos de irte de viaje y que cuando vuelvas para tu vecino
hayan pasado seis meses y para tí solo una jornada de sol a sol.
Así fue y así se lo he
contado. O, como me dice el marido de mi hermana: “¡Ya! Tú,
Nikitas nipones...”. A ver con qué me inspira hoy. Feliz domingo y
feliz paella.
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